¿Por qué escribir?
5 reflexiones sobre el oficio

Desde pequeña lo supe: mi oficio, mi proyecto de vida, no sería otro que escribir. Si miro al pasado me recuerdo con uniforme de escuela (en Venezuela la primaria se cursa con camisa blanca y pantalón o falda azul oscura, medias blancas y zapatos negros), sentada en una mesa con otros compañeros, respondiendo con un dibujo en cartulina la odiosa pregunta que te hacen los maestros antes de pasar al bachillerato: ¿Qué quieres ser cuando seas grande? Desde los siete años respondo lo mismo: ¡Quiero escribir! Todavía no me arrepiento.

Hoy día soy periodista egresada de la Universidad Católica Santa Rosa (2013) y especializada en el área cultural, trabajo como freelance, asumo el cargo de jefa de prensa de una editorial en mi país, produzco contenido para diferentes medios y marcas personales, y me formo como investigadora en el área cultural, con un trabajo dedicado a la historia de las heladerías en Caracas, y que pronto se verá unificado en un libro.

Aunque no tengo una trayectoria  de una década como periodista, dejo atrás todo tipo de complejos y me atrevo a compartir cinco reflexiones sobre el oficio de escribir, justo en un momento en el que cada vez más profesionales, desde los más jóvenes hasta los más expertos, formados en el oficio o en otras disciplinas, se animan a narrar sus experiencias a través de plataformas como los blogs o las redes sociales.

Entonces ¿por qué escribir? Aquí van mis reflexiones.

Escribir es un oficio de todos los días.
  1. Es tan placentero como agobiante. Sí, qué buena es esa sensación que nos queda cuando en cuestión de minutos hemos creado un texto que nos haga sentir satisfechos pero, qué agobiante es cuando ocurre todo lo contrario. Recuerdo momentos difíciles en salas de redacción, cubriendo una noticia de último minuto de la cual estaba poco o nada enterada, y con la urgencia a cuestas de entregar no solo un buen trabajo sino uno que pudiera ser utilizado como referencia para otros periodistas de la misma fuente, bien sea en esa sala de redacción o en otros medios de comunicación del país. Para estos casos no existe una solución inmediata, solo entender que escribir es un oficio para valientes y que en estos casos no hay otra mejor opción que hacerse cargo.
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  2. Nos cultiva como lectores pues para escribir primero hay que leer. Cuando somos estudiantes, pocas veces se nos dice que para escribir hay que leer, y que para ser buenos periodistas es necesario cultivar el hábito de la lectura y también el de la investigación, construir bibliotecas personales y hasta especializadas, y otras tareas más que solo aprendemos con los años y en la calle, ésto si te dedicas al trabajo reporteril.  No estoy haciendo grandes hallazgos, solo estoy insistiendo (y aquí vengo otra vez) en algo que muchas personas consideran innecesario: la lectura. Para escribir hay que leer, y punto. Si usted es nueva en esto considere comenzar por un libro al mes. Le aseguro que su vida cambiará y su destreza al momento de escribir mejorará en la medida en que adquiera este hábito.
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  3. Escribir nos permite hacer registro. ¿Registro de qué? Pues de todo. Contar historias, compartir datos nuevos y dejar testimonio sobre una obra, un hallazgo o un acontecimiento, son apenas tres puntos de una infinita lista de tareas en la que la escritura tiene mucho o todo que ver. ¿Sientes que no tienes las herramientas para expresarte a través de la escritura?, ¿o tal vez consideras que otras plataformas como la fotografía o el video compaginan mejor con tu propuesta? Cada caso es diferente, pero en lo personal admito que lo pensaría dos veces antes de negar la oportunidad de incursionar en las letras. ¿Cuántas veces me he topado con sitios web y nuevos  proyectos que no he podido conocer del todo por su carencia de contenido como artículos y reseñas? ¡Muchas!
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  4. Escribir nos conecta con otras personas. Imagina todas las puertas que nos abre la escritura si optamos por contar a otras personas sobre lo que hacemos, sobre lo que despierta nuestras ganas de crear, sobre el último proyecto en el que estamos trabajando o también cómo enfrentamos nuestro día a día. Seguramente el resultado será que más personas puedan conectar con tus ideas y transformarlas en lecciones, interacciones y ¿por qué no? la posibilidad de llegar a un público mayor.
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  5. También nos conecta con lo que somos y con nuestra propuesta de valor. Sentarse a escribir no es un proceso sencillo: hace falta mirar hacia adentro, reconocer cuáles son nuestros talentos, identificar con total claridad nuestra propuesta de valor y trabajar con disciplina en lograr que cada palabra transmita justo lo que queremos decir. Escribir es una terapia que puede ser tan sanadora o tan dura según queramos. Lo verdaderamente importante es atreverse, formarse, arriesgarse y hacerlo.

¿Cuáles son tus motivos para escribir? El mío es un objetivo muy claro: yo solo quiero contar historias.

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