¿Cuáles son los aspectos que describen al periodista cultural? Mis 5 reflexiones

En mi anterior post, en el que te di mis cinco reflexiones sobre el oficio de escribir, insistí en que escribir era una actividad tan placentera como agobiante, que nos permite conectarnos tanto con nuestra propuesta de valor como con diferentes proyectos y personas, y también afirmé que escribir es un oficio sólo para valientes. Pues, estas características se replican si hablamos de periodismo, especialmente de periodismo cultural.

¿Qué hace un periodista cultural? ¿Quién puede ser considerado como tal? Estas preguntas pueden tener un sinfín de respuestas que dependerán de las vivencias de cada profesional en el área, de sus años de experiencia, sus visiones y su habilidad para aprender a identificar los detalles clave, esos que una vez descubiertos hacen que el periodista (quien además de tener “un ojo muy bien entrenado” debería contar con herramientas propias del periodismo narrativo) emocione a los lectores y les brinde textos para ser devorados de principio a fin, y que además sean un aporte a la comprensión y difusión del hecho cultural.

Mi experiencia con el periodismo cultural comenzó hace cinco años, el mismo tiempo que tengo de haber egresado de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Santa Rosa, en Caracas, Venezuela. Sin dudarlo me atrevo a afirmar que no existen normas para convertirse en periodista cultural, no hay fórmulas a seguir más que aquella compuesta por el ensayo y el error, y no hay un perfil exacto que, al seguirlo, nos convierta en los mejores representantes del oficio.

Siguiendo lo aprendido durante los últimos cinco años, he creado un nuevo checklist en el que planteo cuáles considero son los cinco aspectos que describen al periodista cultural, vinculados todos ellos con uno de los principios irrenunciables de la carrera de todo comunicador: el compromiso, el deber de entregar al lector información de valor, que sea verdadera, y que en cada palabra lleve consigo un motivo para construir una mejor sociedad.

Estas son, entonces, mis cinco reflexiones.

 

  1. Todo periodista que trabaje en la fuente de cultura debe leer. Puede parecer obvio, sí, pero la lectura debe ser una de las principales actividades en la rutina de todo periodista cultural y, sin embargo, no siempre se cumple. Aquí vuelvo con aquello de “entrenar el ojo”: para escribir sobre música hay que leer sobre música, para escribir sobre cine hay que documentarse, para redactar una entrevista en la que se emitan comentarios y valoraciones sobre libros o el trabajo de nuevos autores hay que leer, y hay que hacerlo con más énfasis que cualquiera hasta alcanzar un punto importante: haber enriquecido el vocabulario y ganar experiencias que luego puedan ser volcadas al texto.
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  2.  Debe tener ganas de saberlo todo.  El reconocimiento de los aspectos clave de una gran historia viene de la mano con las ganas de saberlo todo, y para esto propongo las siguientes normas: al momento de realizar una entrevista hay que documentarse hasta la saciedad, no basta solo con la información del entrevistado que encontremos en internet, una gran herramienta es consultar con familiares y amigos, conocer la obra del artista (en caso de que nuestro entrevistado lo sea) antes de preparar el cuestionario, y estudiar la posibilidad de realizar varios encuentros: a veces, las grandes historias no salen a la primera, y se necesita de mucha lectura, documentación y paciencia para escribir el texto ideal.
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  3. Debe ser sensible.  Los datos y el contexto son importantes en todo texto periodístico y estos también son elementos clave si nos referimos al periodismo cultural. Sin embargo, entre las habilidades más importantes que todo profesional de la fuente debe tener está la sensibilidad. Es esta la que nos permite saber cuándo estamos frente a una gran historia, cuándo algo debe ser contado, cuándo la habilidad de un artista es capaz de dejar huella en la sociedad, entre otros tantos detalles. La sensibilidad no se adquiere, se ensaya con el tiempo: un buen paso es tener ganas de leer entre líneas, de ver más allá.
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  4.  Entre la cultura y el espectáculo hay una línea muy fina y todo periodista de la fuente debe aprender a reconocerla.  Aunque en muchas redacciones se suela unificar la cultura y el espectáculo, muchas veces los mismos periodistas no entienden las diferencias entre una cosa y otra. No es lo mismo investigar y escribir sobre las manifestaciones tradicionales de una comunidad, que redactar la reseña de un concierto en el que haya participado el artista del momento, especialmente si la propuesta de este último se inclina más a lo comercial. Para ambos casos el tono comunicacional debe ser diferente.
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  5. Debe creer en lo que hace y defenderlo.  A excepción de las revistas impresas, sitios web, programas o noticieros concebidos por y para el hecho cultural de principio a fin, la fuente (citando especialmente el caso de los medios en comunicación en Venezuela) ha permanecido durante años en el último lugar de los periódicos y, en muchas ocasiones, es lo primero que se sacrifica o sale del aire. La cultura es una fuente tan importante como la salud, la educación o la economía, y el deber de cada periodista es defenderla y difundirla.

¿Eres un periodista de la fuente cultural? Me encantaría conocer tu historia.

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