La fotografía de Miguel Eduardo Herrera se parece a nosotros

Ser un buen fotógrafo va mucho más allá de tener y saber manejar una cámara profesional. En un momento donde la fotografía se ha convertido en un «boom» comercial que promete atrapar desde el más joven hasta el adulto más experimentado, Miguel Eduardo Herrera, caraqueño, se fija objetivos más profundos cuando está detrás del lente.

Desde antes de 2010 –cuando incursionó en el arte audiovisual de la mano de grandes maestros como Roberto Mata–, Herrera ha hecho de la fotografía una ventana para escudriñar en la vida de la gente y sus historias invisibles, para luego llevar un mensaje al público bien sea desde una exposición, una galería, o desde el campo digital a través del género retrato, su fuerte.

La calle –y no la academia– lo han formado como todo un antropólogo: ha pasado hasta tres meses fuera de casa conviviendo entre personas ajenas a su entorno para aprender de sus rutinas, talentos y rituales, aspectos que luego transforma en proyectos personales. De esta estrategia han salido resultados positivos, entre ellos, la oportunidad de participar en 2012 en la Bienal de la Habana, en Cuba, con la exposición Bastardos con gloria, una muestra de 25 retratos de pacientes con discapacidad mental atendidos por el programa social venezolano Negra Hipólita, creado en enero de 2006 por Hugo Chávez.

Con sus investigaciones ha visto muy de cerca la necesidad en el rostro de un indigente, la tristeza de un enfermo, y también, el proceso de elaboración de un tabaco y la proeza de un pescador cuyos años de trabajo se reflejan en sus manos y su piel tostada por el sol.

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«El retrato es lo más fidedigno de nosotros mismos», Miguel Eduardo Herrera.

En su documental fotográfico El mar es de quien lo trabaja, realizado en los pueblos costeros de Guayacán, Manzanillo y Cardón, en Nueva Esparta, Herrera vivió un proceso que identifica como «intimar con el retratado», y que ya se ha convertido en una suerte de metodología para él. «Cuando se va a realizar una fotografía, en este caso un retrato, hay que ganarse la confianza de la persona y hacer que te vea como un amigo y no como alguien que solo busca beneficiarse. Es una convivencia en la que debes ganarte la confianza del pescador que te invita la sardina que te vas a comer, ganarte la sonrisa de la vieja o el puesto en la lancha que te va a trasladar. Es un proceso», comenta.

JACINTO
Título «Jacinto», de la serie «El mar es de quien lo trabaja».

En su portafolio también reposan otras muestras como Te presto mis ojos (2012), y más recientemente Artista soy yo, con la cual ha realizado más de 100 retratos a diferentes artistas como Joel «Pibo» Márquez y Dioni Bahamonde, la cantante Doreen Shaffer, fundadora de la banda jamaiquina The Skatalites, entre tantos otros que han sido influencia para él durante los últimos 20 años de su vida.

 

«Cumbe»

–y la necesidad de llegar al «génesis» de nuestra identidad–

Aunque su piel no es del todo oscura, Miguel Eduardo Herrera se reconoce como negro, y le gusta ver en su rostro –especialmente en sus labios gruesos y su nariz ancha– los rasgos de una ascendencia africana que corre por la sangre  de todos los venezolanos.

En respuesta a su naturaleza, el artista desarrolla en la actualidad su proyecto Cumbe, un documental que a través de la fotografía se propone reflexionar sobre nuestro pasado, la esclavitud en Venezuela y sus orígenes, sin dejar a un lado la posibilidad de viajar continente africano y conocer en detalle el génesis de lo que somos.

«Los primeros esclavos que llegaron a Miranda venían de ese territorio, del África, del sur de Nigeria, de Costa de Marfil, lugares a los que yo espero poder ir este año para culminar el documental de Cumbe». Por ahora –agrega el creador– «el documental comienza con una selección de fotografías realizadas en las costas de Miranda: Curiepe, Capaya, Birongo».

Filemon
Título: «Filemón» de la serie «Cumbe».

Para lograr su cometido, Herrera deberá luchar contra varios obstáculos, el primero de ellos: el altísimo costo de un boleto de avión que lo lleve hasta África, más el pago de honorarios a un traductor que, una vez estando en ése continente, le ayude a comunicarse en francés con las personas que considere clave en su investigación. No recibe el financiamiento de una institución pública y privada, algo que –sostiene– ha sido para él un beneficio más que un problema: «estar sin recursos me ha hecho aproximarme más a la gente», dice.

Al final del camino su propósito con este y todos los documentales que ha realizado obedece a un sentido más romántico que profesional. «El cantante Orlando Castillo Watussi me dijo un día: ‘Cuando estés a África sentirás que llegaste a donde debías llegar», y esa es la sensación que busco tener, y ojalá después los museos nacionales me abran las puertas».

Su trabajo puede verse en la red social  Instagram a través del usuario @miguexxx

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