5 claves para contar una historia “con gancho”

Sí, con gancho, porque todos sabemos que todo aquel que escriba tiene un objetivo claro: enganchar al lector, lograr que su texto sea consumido de principio a fin casi de un sorbo y, como reto adicional: lograr que ese texto se gane un lugar especial en la memoria de las personas.

Escribir no es sencillo y si ya leíste mis cinco reflexiones sobre el oficio, te darás cuenta de que no es la primera vez que lo sostengo: si ya animarse a contar historias, encontrar el tiempo, definir un método y mantener el ritmo es difícil, imagina poder dominar el arte de seducir con las palabras, al tiempo que se transmite un mensaje claro que perdure en el lector tanto por la forma como está redactado, como por el valor que el artículo aporta en sí mismo. Bueno, de eso se trata este post.

Escribo esto y recuerdo todos los momentos vividos en salas de redacción, en las que bajo la presión de una fecha de entrega y otros factores más, escribí una variedad de textos desde notas informativas, reseñas de libros, de conciertos y de todo tipo de eventos, entrevistas y reportajes que fueron aprobados o rechazados según cumplieran con la exigencia del gancho que encabeza este post. Hoy, cuando trabajo en mi casa y después de casi un año convertida en mi propio jefe, defino mis cinco claves, las mismas a las que recurro con la regularidad necesaria para escribir esas historias que atrapan.

  1. Siempre piensa en tu lector. Es una regla: siempre que me siento a escribir pienso en mi lector. ¿Cómo es la persona que quiero que me lea? ¿Qué tipo de información consume? ¿Cómo le gustaría a esa persona que le contara esta historia? Pensar en el lector nos ayuda no solo a responder estas preguntas sino que también nos pone a nosotros mismos en la posición de lector mientras seguimos escribiendo. Aunque al final nos convirtamos en unos jueces (porque sí, terminaremos evaluando de la forma más lapidaria posible cada párrafo escrito), este es uno de los ejercicios que mejores resultados me generan. ¿Buscas atraparlo? Entonces escribe para él.
  2. Lee a los grandes. Para que una historia sea consumida casi en vilo hay que aprender técnicas para lograrlo, especialmente aquellas que provienen del periodismo narrativo. De este género el mayor hito está representado en la crónica. Latinoamérica cuenta con grandes maestros del género como lo son Martín Caparrós, Leila Guerriero, por nombrar algunos, respetando, por supuesto, el sitial que siempre ocupará Gabriel García Márquez. ¿Me dejas recomendarte un libro? Antología de crónica latinoamericana actual, editado en 2012 por el sello Alfaguara, es un libro de cabecera para mi.
  3. Documéntate tanto como puedas sobre el tema que quieres abordar. Aunque pueda parecer obvio, lo cierto es que factores como la inmediatez o la responsabilidad de cumplir con la pauta diaria impiden que el periodista se entregue a la necesaria labor de documentarse en su fuente hasta la saciedad, algo que después se ve reflejado en los textos que produce. Para enganchar al lector se requiere de mucha técnica, es verdad, pero si, además de la destreza, también poseemos los datos duros que la gente quiere leer, esto sin duda ayudará a que nuestro texto esté por encima de los de otros colegas y se convierta, incluso, en un elemento de referencia. Además, en la medida en que más nos documentamos más oportunidades tenemos de crear una obra nueva, algo que nos ayuda a enganchar no solo en las preferencias de los lectores, sino también nos convierte en posibles críticos de nuestra fuente.

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  4. Céntrate en los detalles clave.  Y céntrate sin miedo, busca hasta la saciedad, atrévete a realizar análisis y, si puedes mirar los acontecimientos importantes, también pule tu ojo y tu olfato periodístico para que no dejes pasar los pequeños detalles. En este punto vuelvo a citar el libro que te recomendé más arriba, y me permito extraer una cita que me parece absolutamente oportuna para este punto y el anterior.  “A la hora de medir el conocimiento del tema, la inmersión de los escritores en los mundos que van a croniquear es determinante para reconocer la comprensión que tienen de su tema. Poseen la información y aspiran, y muchas veces logran, la comprensión más hondamente humana de situaciones, de conductas que tienen una lógica distinta e inesperada. Muchas veces inmiscuidos en mundos marginales, el de un delincuente joven, el de un traficante de mujeres, el de un político, el de una estrella del espectáculo” (p. 19).
  5. No te olvides de disfrutar el proceso. Disfrutar también es importante. Definir el oficio de escribir es algo que puede volverse tan personal para cada autor que lo mejor es hacer exactamente lo mismo: buscar nuestra propia interpretación del ejercicio y hacer que el proceso sea lo más placentero posible (y estoy segura de que muchos prescindirían de la palabra placentero). Otro punto importante es hacer que ese mismo disfrute permita que el texto se llene de nuestra esencia, de lo que somos, de nuestro estilo y también de nuestro deseo de dejar una huella con cada palabra escrita. Si cumplimos este propósito (y si te animas a seguir estas cinco claves) lograremos, tal vez, hacer que el lector llegue hasta la última línea de nuestro texto con una sonrisa dibujada en el rostro.

Escribir no es cosa fácil, insisto.  Seguiré compartiendo mis reflexiones en este espacio para aliviar la tarea.

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